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En el principio fue dum dum… ¡drums!


José Angel Santiago Lardón - 28 abril, 2015 - 0 comments

serpiente pandereta«En el principio… era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un viento de Jehová aleteaba por encima de las aguas» (Génesis, I,1), y en su afán creador Jehová se sacó de la manga un montón de cosas pero se olvidó de otras, se olvidó de la música, se olvidó del jazz, y por supuesto, se olvidó de la libertaria batería.
Cuenta una apócrifa pero verdadera leyenda que una noche, en el remoto corazón de las tinieblas de África, un grupo de hombres y mujeres de piel confusa con la oscuridad jugueteaban, se tocaban y refocilaban en sin pecado porque sólo era para protegerse del frío y por carecer de otro lenguaje, y en esas estaban cuando se les apareció una sierpe que con el sonajero de su cola les hacía señas para que le siguieran y siguieron el zigzag de su trazo sonoro hasta el tronco hueco donde se refugió y entonces comenzaron a gol-pearlo con palos para que saliese y les deleitase con su tintineo, y la sierpe salió y a su sonido de cascabel se sumó el tan-tan del tronco y allí estuvieron entregados a trepidante jamsession —dicen que la primera de la historia— hasta que el alba despuntó sobre la selva. Y maravillados con aquella nueva cosa la adoptaron como la lengua de la que carecían y como eco para saber de sus primos esparcidos en la distancia. Y pasado el tiempo, y con mucha aplicación, juntaron vasijas, pieles curtidas, cráneos pulidos por las alimañas, y uno le añadió la tapa de una olla, otro dos chapas unidas por un fierro, otro un cencerro, otro un sillín para estar cómodo y un lutier que pasaba por allí pulió todo aquello y dijo: «¡Zas, hágase la batería!”
Aseveran las enciclopedias que la batería es “el único instrumento inventado por el jazz, y Roy Haynes —un baterista cuya historia es la del propio jazz— que “es el fun-damento del jazz”, hasta el punto de que ambas cosas significaban lo mismo. Y dicen que otros descendientes de aquellas gentes le cogieron afición y fueron añadiendo lo que en su alma latía como lava hirviente, Babby Dodds, Chick Webb, Gene Kruppa, Cozy Cole y Jo Jones la hicieron torbellino de la orquesta, y el bopero Kenny Clarke la liberó de su lugar vasallo para que se tratara de tú a tú con los metales e incluso con el piano con Max Roach, y que Blakey y Roy Haynes ahondaron en los cueros y Philly Joe Jones y Billy Higgis en los cobres, y en esas llegó el volcánico Elvin Jones y le dio dos patadas a la división del ritmo desmultiplicándolo y abstrayéndolo para precipitarse en frenética danza salvaje, y que Tony Williams era como una fiera acosando al solista para lanzarle a una espiral de vértigo, y Al Foster, y Jack DeJohnette, y Steve Gadd, de quien se dice que es referencia de las nuevas generaciones… Y un niño, aprovechando que su padres están en misa, ha esparcido por el suelo ollas, cazos y cazuelas y anda dándoles mazazos y la tabarra a los vecinos hasta que sus padres regresan en paz bendita para encontrar pura guerra en lugar de hogar dulce hogar. Bendito invento, la batería.
Y pudiera ser la historia de Dan Pugach quien, con sus colegas correligionarios de Berklee, Voro, Alberto y Dee Jay, nos brindarán esta noche un estimulante concierto aliñado con temas propios y algunos standards.

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Dan Pugach Quartet featuring Voro García. Voro García (tp) Alberto Palau (b) Dee Jay Foster (b) Dan Pugach (d). Clasijazz, sábado, 18 de abril de 2015

©José A. Santiago Lardón ‘Santi’ (18 de abril de 2015)

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