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Sheila Jordan Trio. El regreso de la mensajera del jazz


José Angel Santiago Lardón - 24 abril, 2019 - 0 comments

Sheila Jordan Trio. Sheila Jordan (voz) José Carra (piano) Bori Albero (contrabajo). Clasijazz, jueves, 2 de mayo de 2019. 22:00 H.

Sheila Loves Clasijazz

Con el incendiario destello de un sueño o la esperanzada revelación de una utopía centelleó en el horizonte y ahondó en el espíritu de los aficionados la presencia de la legendaria cantante Sheila Jordan en Clasijazz. Entonces —inolvidables 15 y 16 de septiembre de 2017— la mensajera del jazz impartió dos talleres y sendos conciertos con la emocionada compañía del pianista malagueño, pero casí almeriense, José Carra, el contrabajista gironés almeriense Bori Albero y el uruguayo y también almeriense Miguel Canale a la batería. Los ecos de su voz aún siguen resonando en la memoria y debieron volar a lomos del poniente y llegar a los oídos de la cantante Silvia Pérez Cruz quien, rauda y ágil como su voz, montó a lomos del céfiro y se personó a saludar, y cantar, a quien conoció 16 años antes de forma  casual en Sevilla. Vino “a escucharla de nuevo y a cantarle…”, alentada por una frase que le escuchó entonces y que nunca olvidó: «Las canciones no son feas, tú las haces feas».

Volvió de nuevo el 10 de noviembre de 2018 dias antes de cumplir 90 años que como le gusta recordar con acerada ironía en “Sheila’s Blues”: «Nací el mismo día que Mickey Mouse, el 18 de noviembre». Vino en compañía del legendario contrabajista Cameron Brown, en esa íntima compañía que le es tan querida, a doble voz de cuerdas vocales y de las del contrabajo que ha frecuentado en numerosas ocasiones a lo largo de su carrera junto a grandes maestros del instrumento —el propio Cameron Brown, Arild Andersen o Harvie Swartz—, un formato del que se considera precursora y por el que siente especial querencia, acaso porque, como suele decir: «Creo que en una vida anterior pude haber sido una contrabajista».

Y aún tuvo tiempo, unos días antes, de grabar junto a José Carra, Bori Albero y Miguel Canale en la Fundación Valparaiso de Mojácar algunas de sus canciones preferidas y que pronto verán la luz en un excelente álbum del sello Clasijazz.

*

Derramando vida a raudales y, sobre todo, arropada por un infinito amor a la música esta trovadora del jazz o legítima mensajera del jazz nos visita de nuevo para contagiarnos con esas sobrecogedoras y emotivas canciones a las que solo ella sabe insuflar tanto poderío, tanta inteligencia y tan personal estilo.

Cada uno de sus conciertos es un derroche de elegancia y saber hacer, pero sobre todo un singular encuentro con el público al que no siente el menor reparo en relatar mucho de lo que fue y es su vida —forma parte indisoluble de su mensaje—, con canciones de su autoría donde da muestras de su gran talento creativo, sea sobre su origen nativo americano —“Queen Aliquippa”, dedicada a la reina de la tribu de los seneca o “Little Song”, también de origen folclórico nativo—, sea remembranza de su amigo y fuente constante de inspiración Charlie Parker —“The Bird” o “Confirmation”—, o de Miles Davis —“Ballad for Miles”—, sus dúos con el contrabajo en un diálogo que inventó ella, el conmovedor “The Crossing”, o piezas donde nos muestra su alma en compás musical como “Sheila’s Blues” o Worhshop Blues”, pero también su visión de cruda desnudez de temas del cancionero estadounidense como en “Oh Lady Be Good”, “Autumn In New York”, “Falling In Love With Love” o “Willow Weep For Me”, por ejemplo.

Sheila Jordan: el mensaje del jazz

«Mi madre me dijo que cuando salí de su vientre, no lloré. Canté». Sheila Jordan

Sheila Jeanette Dawson (Detroit, Michigan, 1928), su nombre de pila hasta su matrimonio en 1952 con uno de los pianistas de Charlie Parker Duke Jordan con quien permaneció durante siete años.

Nacida de madre soltera y adolescente, se crió con sus abuelos en una pequeña granja de la ciudad minera del carbón de Summerhill (Pensilvania). A los tres años cantaba para sí para conjurar soledad y miedos —«Siempre cantaba mis problemas»—. Con un cuarto de sangre cherokee latiendo en sus venas, su abuelo solía llamarla Little Song —nombre con el que tituló un álbum de 2003—, porque estaba cantando a todas horas, seguro que lo ecos de sus ancestros anidados en su mente aunque como confiesa «durante mucho tiempo nunca canté en público, era algo demasiado personal». Luego comenzó a aparecer en sesiones en la escuela y en algunos programas de radio.

En plena adolescencia, con 14 años, regresó a Detroit, se reencontró con su madre y descubrió el jazz. En Detroit frecuentaba el Sedan Club, un local donde no se expendía alcohol junto a otros adolescentes afroamericanos adictos al revolucionario jazz que se estaba fraguando para escuchar en la jukebox las últimas novedades que llegaban de Nueva York. Pronto estrechó lazos de amistad con quienes luego serían leyendas del jazz como Tommy Flanagan, Kenny Burrell, Barry Harris, Donald Bird y el círculo de boppers de Detroit y comenzó a presentarse en público con el trío vocal Skeeter, Mitch & Jean —ella era Jean— considerado precursor del luego célebre Lambert, Hendricks & Ross, que interpretaban los solos de Charlie Parker en scat, saxofonista clave en su carrera y en su vida:

«Un día escuché en la jukebox “Now’s the Time” de Charlie Parker & The Reboppers y aquello cambió mi vida».

Entonces no podía imaginar que Parker, el padre del bebop, la vería actuar en un club de Detroit junto a otras dos muchachas con las que saciaba sus inquietudes artísticas.Bird subió al escenario, las acompañó y —sostiene Sheila— «Cuando terminamos me dijo: “Chica, tienes un oído de un millón de dólares”». Más que cualquier cantante fue Parker su gran influencia, cantaba y se ensayaba con sus discos, «quería cantar lo que él tocaba».

Mientras tanto soportó la presión social por sus relaciones con músicos afroamericanos lo que le comportó severas amonestaciones y visitas al departamento de policia, una afinidad también clave en su formación:

«No estaría cantando la clase de música que cantó hoy si no hubiese sido por lo que aprendí de los afroamericanos y sus creencias».

Al fin, hastiada de los prejuicios sociales y, sobre todo, para estar cerca de Charlie Parker se trasladó a Nueva York a principios de 1950. Recién llegada alquiló un loft en la calle 26 que pronto se convirtió en lugar de encuentro de los músicos más importantes de la ciudad y donde se celebraban jams casi todas las noches. «Un día llegó Parker y se quedó siete meses en casa». Con Parker entabló una intensa amistad: acudían a conciertos, escuchaban discos juntos y estuvo a su lado en la época de decadencia y muerte del saxofonista. De hecho su domicilio fue un refugio seguro para Parker. «No había nada romántico entre nosotros. Sólo le quería y amaba su música», son las palabras con las que Sheila definió su relación.

Dos años después se casó con Duke Jordan, quien fuera pianista de Parker en las célebres sesiones del sello Dial y comenzó a aparecer en público en diversos locales de la ciudad, frecuentando a veces los after hours o las jam sessions del club Minton’s Playhouse subiendo al escenario junto a Parker, Kenny Dorham entre otros destacados jazzmen. Fue la época en la que conoció a Charles Mingus quien le aconsejó que estudiara con el pianista y compositor Lennie Tristano. Con Tristano aprendió durante dos años cruciales (1951-1952) teoría, armonía, a cantar de oído y a leer a primera vista. Le ayudó a mejorar su fraseo escuchando los solos no solo de Parker sino también de Lester Young y según Sheila a «aceptar el hecho de que vocalmente era un poco extravagante… Me enseñó a desarrollar mi estilo sin prejuicios y me dio una solvencia armónica que no tenía entonces».

Pero fue Parker quien le enseñó a ser ella misma, a marcar su propio camino, sin dejarse intimidar por las grandes vocalistas de la época.

«Cómo iba a cantar como Sarah Vaughn, ¿quién tiene una voz así? ¿Quién podía hacer scat como Ella Fitzgerald? ¿Quién podía apoderarse de las melodías como Billie Holiday? Nadie podía imitarlas».

Y ese fue, sigue siendo, el sendero y la luz que ha iluminado su vida y carrera artística.

El nacimiento de su hija Tracey en 1955 transformó su vida al tener que asumir el papel de padre y madre de la niña tras el abandono de Duke al poco de nacer la niña. Tuvo que trabajar en diversos empleos de mecanógrafa y de secretaria de día aunque de noche cantaba de forma intermitente en clubes del Greenwich Village, entre otros el Page Three donde actuó durante ocho años con acompañantes como el pianista Herbie Nichols y el bajista Steve Swallow. Y fue en este club donde la escuchó el pianista y compositor George Russell:

«Vino a verme a Pag Three, un club del Village donde actuaba junto al bajista Steve Swallow. Estaba cantando “You’re My Sunshine”. ‘¿De dónde vienes, de dónde has salido para cantar así?’, me preguntó. ‘Vengo del infierno’, le respondí. ¡De un lugar donde no había calefacción ni agua ni comida!’».

Russell la llamó para participar en el álbum de su sexteto The Outer View (Riverside, 1962), debut discográfico de Jordan, grabando una versión antológica del clásico de la canciòn folclórica americana “You Are My Sunshine”: comenzó sin acompañamiento con una voz parecida a la plegaria de un niño para mudar luego al gospel y a una expresión jazzística sofisticada acompañada por los instrumentos de viento y un acusado cambio de tiempo.

Meses después Russell convenció a Alfred Lion para que hiciera una excepción en la política de Blue Note de no grabar cantantes y publicó el álbum Portrait of Sheila (Blue Note, 1962). Eligió como acompañantes al guitarrista John Galbrait, el contrabajista Steve Swallow y al batería Denzil Best. Álbum de presentación que se convirtió en objeto de culto y en el que se alternan temas junto al trío, o a dúo con el contrabajo o la guitarra. Este tipo de formaciones reducidas serían sus favoritas, tal como explica la cantante:

«La razón por la que solo me gusta un grupo pequeño es porque tengo muchas ideas en marcha una vez que empiezo a improvisar, y no puedo concentrarme en lo que escucho detrás de mí. Si escucho demasiado, si alguien toca cambios que no concuerdan con la forma en que siento la canción, mi invento comienza a desvanecerse».

Una preferencia que avanzaría los que serían sus futuros entornos, en especial los duetos con contrabajistas —con el noruego Arild Andersen, con Harvie Swartz, con Steve Swallow o con Cameron Brown—, o a trío con el pianista Steve Kuhn, o con los también pianistas Kenny Barron o Alan Broadbent o con el batería Billy Drumond.

Crecí acostumbrada al contrabajo

Deferencia por lo íntimo, grupos pequeños, en especial por esa suerte de vis a vis desnudo de la voz con el contrabajo y por el que Sheila siente especial afecto como ha confesado en numerosas ocasiones y recogen en la biografía escrita por la profesora y cantante Ellen Johnson, Jazz Child. A Portrait of Sheila Jordan (Rowman & Littlefield, 2014): «Crecí acostumbrada al contrabajo», precisamente el título de uno de sus álbumes —I’ve Grwon Accustomed to the Bass (2000)—, a dúo con Cameron Brown con quien mantiene una especial y regular relación que se remonta a mediados de los años 70, en palabras de Cameron: «conocí a Sheila en 1974 cuando formaba parte del combo base de un club neoyorquino». Al año siguiente participó en el álbum de Jordan Confirmation, se sucedieron conciertos y grabaciones lideradas por Sheila o por Cameron —por ejemplo Here and How (2003)—, y un nuevo álbum a dúo, Celebration: Live at the Triad (HighNote, 2005).

Debilidad o, mejor, devoción por el contrabajo que de seguro se remonta a una actuación junto al legendario Charle Mingus a principios de los años 50 en Toledo (Ohio). Mingus la invitó a cantar, en el escenario estaba también Lee Konitz, Sheila dijo «pero no hay piano», Mingus replicó «No necesitas piano» y ella cantó “Yesterdays” acompañada solo por el contrabajo, concentrada en el sonido, en el silencio, en la transparencia de las palabras, en la libertad de las palabras. Creo que fue el principio de su forma favorita de cantar.

«Mi forma favorita de cantar es con el contrabajo. De hecho, creo que en una vida anterior pude haber sido una contrabajista».

«Me gusta el sonido de ese instrumento de cuerda. Me gusta la sensación de libertad que experimento mientras canto con el contrabajo. Siempre me ha gustado trabajar con ese sonido».

Una querencia que ha mantenido además con otros grandes maestros del double bass con quienes colaboró en numerosos conciertos y grabó excelentes álbumes como con el noruego Arild Andersen —Sheila, 1977— y de modo especial con Harvie Swartz en una larga relación reflejada en álbumes a dúo como Time Feeling, The Very Throught of Two, Song for Within o Yesterdays. Querencia ya anunciada —«Me considero una contrabajista frustada»— en el exquisito dúo con Steve Swallov en el tema de Bobby Timmons “Dat Dere” incluido en su álbum de presentación Portrait of Sheila (Blue Note, 1962).

La música como oficio de vivir

Pero no todo fue el mejor de los mundos para Sheila, no al menos en cuanto a lanzamientos discográficos y tras el exitoso lanzamiento de su álbum debut (Portrait of Sheila) tardaría más de una década a grabar a su nombre, en parte por las responsabilidades derivados del cuidado de su hija y en gran medida por decisión personal:

«Ese largo período sin discos fue culpa mía. No me gusta el estudio, sino cantar en directo.Me considero una mensajera, no una diva. No estoy en eso».

Sin embargo mantuvo una regular agenda de conciertos, viajó a Europa a finales de la década de 1960 donde trabajó con destacadas figuras como el saxofonista Jan Garbarek, el bajista Arild Andersen o el bajista italiano Marcello Melis, colaborando además en grabaciones junto al citado Arild Andersen, en la ópera jazz de Carla Bley y Paul Hynes Escalator Over The Hill, el pianista Jack Reilly o el trombonista Roswell Rudd.

Circunstancias como el despido de su trabajo con 58 años con un año de indemnización, la liberación del cuidado de su hija, la concurrencia de condiciones musicales adecuadas pero, sobre todo, el ardor de su pasión por la música fueron determinantes en su decisión de dedicarse de manera exclusiva al jazz.

En 1975 rompió el silencio discográfico con un álbum de resonancias tan parkerianas comoConfirmation (East Wind), demostración de que el tiempo maduró su estilo e inicio del reconocimiento definitivo por parte de crítica, público y de los propios músicos de jazz. Trabajó y grabó con destacados jazzmen, entre otros, Roswell Rudd, codirigió un cuarteto con el pianista Steve Kuhn, junto al contrabajista Harvie Swartz y el batería Bob Moses, cantó poemas de Robert Creeley con música del contrabajista Steve Swallow (Home, 1979), acompañó en numerosas giras al pianista suizo George Gruntz, participó a dúo con el contrabajista Harvie Swartz en numerosas giras y grabaciones al igual que con el también contrabajista Cameron Brown o con el pianista Kenny Barron, entre otros muchos.

Desde entonces su carrera cobró una intensa actividad, publicando como líder o colíder una veintena de excelentes álbumes para discográficas tan señaladas como Blue Note, EastWind, SteepleChase, Palo Alto, Muse, HighNote, Splasch o ECM y colaborado en infinidad de álbumes de otros artistas, trabajando en clubes neoyorquinos como Birdland, Village Vanguard o Blue Note y requerida con frecuencia en los circuitos nacionales e internacionales de festivales de jazz.

Hoy, cumplidos los 90 años, su vitalidad sigue siendo tan asombrosa que es capaz de recorrer medio mundo si las condiciones y el amor a la música lo requieren. El origen de esa energía lo revelaba durante una visita a Buenos Aires en julio de 2018: «La madre de mi abuela era cherokee, de ahí esta vitalidad y fortaleza que me acompañan».

Y cuando le preguntan cómo a sus años continua actuando a lo largo del mundo, suele responder que la edad es sólo cuestión de números y que lo que la mantiene viva y en pie es su amor por la música. Razones más que sobradas para recorrer medio mundo al modo que hacían los trovadores en el medievo, sembrando la semilla del jazz, esa música a la que tanto le debe y que tanto le debe a Sheila no solo por su contribución a la liberación del canto como por su compromiso en la formación de jóvenes vocalistas. Razones que la llevan a trabajar con jóvenes y veteranos músicos del más variado origen geográfico como, por ejemplo, en el que es su último álbum, Lucky to Be Me (Abeat Records, 2018), grabado en directo en 2017 junto a un trío de prestigiosos músicos italianos —Roberto Cipelli (p) Attilio Zanchi (b) Tommy Bradascio (d)— y cuyo título, Feliz por lo que soy, tomado de una composición clásica de Green, Comden y Bernstein, es evidente metáfora de su estado y personalidad actual.

Razones y empuje vital que la han traido hasta nuestra querida sala en tres ocasiones en una nueva gira con estadías en Madrid, Málaga, Algeciras o Sevilla.

Excelente y solicitada educadora ha impartido clases en centros como City College de Nueva York y en la Universidad Stanford y programado junto a la cantante Jay Clayton los programas del festival Jazz en Julio de la Universidad de Massachusetts e imparte seminarios y talleres internacionales. A sus estudiantes suele recomendarles:

«No temas arriesgarte… Esta música vivirá para siempre, pero si quieres mantenerla has de regalarla». Cantantes como la americana Judi Silvano ola alemana Sabine Kühlich son algunas de sus alumnas.

Su carrera profesional ha sido reconocida con importantes premios y distinciones, entre otros, Lifetime Achievement otorgado por la Society of the Culturally Concerned-Detroit (1995), Jazz Vocal Coalition Honorary Jazz Mentor (2004); Lil Hardin Armstrong Jazz Heritage Award (2004); Lifetime Achievemente Award de la Manhattan Association Cabarets & Clubs (MAC) en 2006); International Association of jazz Educators (IAJE) Humanitarian Award (2007); Mary Lou Williams Women in Jazz Award for Lifetime Service (2008); New York Nightlife Award-Outstanding Jazz Vocalist (2010); Ehrenmitgliedschaft an der KUG Award (2015) y en 2012 el más destacado premio que concede la administración estadounidense a un artista de jazz, el Jazz Masters Award Lifetime Honors Award otorgado por la National Endowment for the Arts (NEA).

Y algunas de sus grabaciones han recibido excelentes críticas y premios de revistas especializadas, entre otros, el de Swing Journal a Confirmation como mejor álbum de jazz vocal del año 1975 o el de mejor álbum del año a Lost and Found otorgado por la publicación digital inglesa The Wire y apareció destacada una decena de veces como destacado valor en las encuestas de críticos de la prestigiosa revista Down Beat, la primera vez en 1963.

En 1995 el cineasta Cade Bursell realizó el documental Sheila Jordan: In the Voice of a Woman conmovedora narración que traza su vida desde su infancia en plena depresión en el entorno minero de Pensilvania, la desparación de su padre al nacer y el adverso entorno de alcoholismo familiar hasta su regreso a Detroit, su huida a Nueva York y la revelación y liberación que supuso el be bop de Charlie Parker.

Y la vocalista y profesora Ellen Johnson publicó su biografía Jazz Child: A Portrait of Sheila Jordan (Rowman & Littlefield, 2014), coincidiendo con el 86 aniversario de Jordan. Obra minuciosa y documentada y de lectura cautivadora que interesará no solo a los seguidores de la cantante sino a todo el interesado en penetrar en la historia del nacimiento del be bop. Con pasión y conocimiento la autora ha sabido captar la apasionante personalidad de Sheila y su ardua lucha de supervivencia desde su infancia hasta la actualidad superada gracias a su profundo e irreductible amor a la música. Estructurada en 12 capítulos a través de los que traza las distintas etapas de su vida y carrera musical, sus páginas se convierten en un completo retrato del quién es quién del jazz moderno y por ellas desfilan desde su adorado Charlie Parker a Tom Harrell, pasando por Monk, Mingus, Bill Evans, Sonny Rollins, Miles Davis y una miriada de leyendas. Complementan la obra una completa discografía y vidoeografía, bibliografía y letras y partituras de composiciones escritas por Jordan como “Ballad for Miles”, “The Bird”, “The Crossing”, “Little Song” y “Workshop Blues”.

La lucha por la vida

«Fue una vida difícil, pero aprendíque podría sobrevivir». Sheila Jordan.

Con una fuerza interior inmensa y una fe inquebrantable quiso desde los inicios de su carrera seguir el dictado de sus propias convicciones. Que no cantaría nada en lo que no creyese y sintiese de verdad, que jamás claudicaría a las poderosas presiones del mercado de la industria musical. Fue una lucha dura, a veces inundada de desesperanza, pero su energía de reminiscencia cherokee y su pasión por la música vencieron cada una de las crudas mordidas de la adversidad. Sheila es doctorada en esa ambigua materia que es cantar para sobrevivir, no para ganarse la vida —que se la supo ganar desde los 17 años trabajando como secretaria y mecanógrafa en una agencia de publicidad—, sino por puro e imperioso sustento emocional y espiritual o dicho a su modo:

«Voy a mantener a la música hasta que la música me mantega a mí».

Ahora, hace pocos años, reconocida y con el nihil obstat del esquinado mundo del mercado musical, confiesa con modestia pero con justo orgullo:

«Por fin estoy en un punto en el que puedo aceptar los fallos en una actuación porque eso forma parte de lo que soy. He aprendido a no ser tan dura conmigo. Está bien no ser perfecto. Sé que no importa lo que pase, incluso si nos desviamos del camino, todo saldrá bien».

Su repertorio es un caleidoscopio de estados de ánimo mudables según el momento, el entusiamo o la situación de modo que en cada una de sus interpretaciones, en cada una de sus improvisaciones encarnan un amplio abanico de expresiones sea de aparente fragilidad, de burla alegre o lúdica, de ironía salpicada de agudeza, del dolor de una herida, de sutil timidez infantil o de la profunidad del blues pero siempre con un oído infalible —de un millón de dólares—, una exacta dicción, una encomiable precisión dinámica y rítmica y un poderío emocional que pone el vello de punta.

Pero además sabe infundir a las letras, no solo a las propias sino también a los standards, sorprendentes insinuaciones autobiografías en un culmen de vínculo de vida y música. Así que, por ejemplo, cuando canta el clásico de Bobby Timmons “Dat Dere” tiene a su hija Tracey en mente —«la canción se parece mucho a ella, todo son preguntas», la canción popular “When I Grow Too Old To Dream” que solía cantar su madre cuando se emborrachaba, es su modo de recordarla pero también una suerte de conjuro porque, como confiesa, «con la música de jazz en mi corazón, nunca seré demasiado vieja para soñar». En “Brohter, Where Are You?”, el alegato del poeta, pianista y activista pro derechos civiles Oscar Brown Jr., se identifica con una juventud perdida que clama «¿puedes ayudarme? ¿hay alguien dispuesto a cuidarme?».

Muy personal es “The Crossing”, himno a la perseverancia y a la esperanza que escribió a principios de los años 80 «para recuperarme de las drogas y el alcohol». El título hace referencia a la escultura de corcho del mismo nombre que le regaló un amigo artista. Entonada con el espíritu triste y profundo de los lamentos que había oído cantar a los mineros del carbón en su infancia encarna la esperanza en el futuro y la liberación a través de la música: «Lleva tus problemas a “The Crossing”, allá donde la alegría vence al dolor». Y evocación de sus ancestros cherokees es el cántico “Little Song”.

Y “Sheila’s Blues” es su sucinta pero precisa autobiografía en clave de blues cargado de verdad e ironía:

«It started with the blues, yeah.

I know you all are gonna pay some dues.

Hey, síngers! Hey, swingers! It started with the blues.

Yeah, yeah, yeah, yeah, yeah, yeah, yeah.

You gotta sing your song.

Lemme tell ya. I’m here to help ya, as you go along».

Firmeza moral, tenacidad cargada de esperanza, creer en lo que canta, multiplicidad al afrontar cada actuación, elaboración de un auténtico lenguaje be bop con una vocalización más instrumental que vocal y el tinte autobiográfico vertido en sus interpretaciones son claves con las que ha sabido forjar un estilo personal y único a lo largo de su ya extensa carrera.

Reseñas críticas

«Sus inflexiones y ornamentaciones son más intrumentales que vocales sin caer nunca en meros ejercicios de virtuosismo técnico». Don Heckman, DownBeat (Portrait of Sheila).

«Sheila es una música y una improvisadora completa que no ahorra riesgos. Si su scat —que suele emplear en el repertorio parkerisano con gran seguridad rítmica— es muy original, aún lo es más la forma en que reimagina las canciones con considerable gusto y riqueza armónica (algo común en los discípulos de Tristano), con un timbre muy vibrado». Jorge García y Federico García Herraiz, Ellos y ellas. Las grandes voces del jazz, Valencia, La Máscara, 1994.

«Sheila Jordan tiene una significación especial. Ha “emancipado” el canto de canciones allanando así el camino a todas las vocalistas del free jazz posteriores. Sheila se dio a conocer por su labor con George Russell, sobre todo, en la grandiosa y satírica “You Are My Sunshine”, una broma llena de cinismo». Joachim E. Berendt, El jazz. De Nueva Orleans al jazz rock, Madrid, FCE, 1986.

«Sheila Jordan combinó la gran carga emocional de la canción del jazz con la cruda honestidad de las revelaciones íntimas, evitando las lecturas convencionales de los standards en beneficio de una actitud más profundamente personal, que se puede observar con claridad en sus colaboraciones con el pianista Steve Kuhn y el bajista Harvie Swartz». Ted Gioia, Historia del jazz, Madrid, Turner, FCE, 2002.

«Sheila, cantante de implosión, se dedica a una conversación de despojamiento en la que la extrema atención a la dicción sólo ocupara el lugar del artificio. Deja morir las palabras de una púdica figuración de desorden, del dominio del sentido. Su versión de “Don’t Explain” es la única que puede pretender ser comparada con la que creó Billie Holiday, su mayor influencia junto a Parker y Lester Young». Phillipe Carles, André Clergeat, Jean-Louis Comolli, Diccionario del jazz, Madrid, Anaya & Mario Muchnik, 1995.

Discografía

Como líder o colíder

  • Portrait of Sheila (Blue Note, 1962). Sheila Jordan (v) Barry Galbraith (g) Steve Swallow (b) Denzil Best (d).
  • Confirmation (East Wind, 1975 / Tate of Time, 2005). Sheila Jordan (v) Norman Marrell (st) Alan Pasqua (p) Cameron Brown (b) Beaver Harris (d).
  • Sheila Jordan and Arild Andersen: Sheila(SteepleChase, 1977). Sheila Jordan (v) Arild Andersen (b).
  • Playground (ECM, 1979).Sheila Jordan (v) Steve Kuhn (p) Harvie Swartz (b) Bob Moses (d).
  • Steve Kuhn and Sheila Jordan: A Intervies with Steve Kuhn & Sheila Jordan (ECM, 1980). Sheila Jordan (v) Steve Kuhn (v). Conversación.
  • Steve Kuhn / Sheila Jordan Band: Last Year’s Waltz.(ECM, 1981). Sheila Jordan (v) Steve Kuhn (p) Harvie Swartz (b) Bob Moses (d).
  • Sheila Jordan and Harvie Swartz: Old Time Feeling(Palo Alto / Muse, 1982). Sheila Jordan (v) Harvie Swartz (b).
  • The Crossing (Blackhawk, 1984). Sheila Jordan (v) Tom Harrel (fis) Kenny Barron (p) Harvie Swartz (b) Ben Riley (d).
  • Body and Soul (CBS/Sony 1986). Sheila Jordan (v) Frank Wess (st) Kenny Barron (p) Harvie Swartz (b) Ben Riley (d).
  • Sheila Jordan and Harvie Swartz: The Very Throught of Two (MA, 1988). Sheila Jordan (v) Harvie Swartz (b).
  • Sheila Jordan and Harvie Swartz: Song from Within (MA, 1989). Sheila Jordan (v) Harvie Swartz (b).
  • Lost and Found (Muse 1989). Sheila Jordan (v) Kenny Barron (p) Harvie Swartz (b) Ben Riley (d).
  • Sheila Jordan and Mark Murphy: One for Junior (Muse 1991) Sheila Jordan (v) Mark Murphy (v) Kenny Barron (p) Bill Mays (sint) Harvie Swartz (b) Ben Riley (d).
  • Heart Strings (Muse 1993). Sheila Jordan (v) Alan Broadbent (p) Harvie Swartz (b) Marvin ‘Smitty’ Smith (d) Hiraga String Quartet.
  • Sheila Jordan and Cameron Brown: I’ve Grown Accustomed to the Bass (HighNote, 1997). Sheila Jordan (v) Cameron Brown (b).
  • Jazz Child (HighNote, 1998). Sheila Jordan (v) Steve Kuhn (p) Dave Finck (b) Billy Drummond (d). Teo Bleckmann (v).
  • Sheila Jordan and E.S.P. Trio: Sheila’s Back In Town (Splasch), 1999). Sheila Jordan (v) Ricardo Parruci (fl) Roberto Cipelli (p) Gloria Merani (vl) Alessandro Franconi (viola) Filippo Burchietti (cello).
  • From the Heart (32 Jazz, 2000). Sheila Jordan (v) Kenny Barron (p) Harvie Swartz (b) Ben Riley (d) Alan Broadbent (p) Marvin ‘Simitty’ Smith (d) Hiraga String Quartet.
  • Little Song (HighNote, 2002). Sheila Jordan (v). Tom Harrell (tp, fis) Steve Kuhn (p) David Finck (b) Billy Drummond (d).
  • Sheila Jordan Live with Serge Forté Trio: Believe in Jazz (Ella Productions, 2003). Sheila Jordan (v) Serge Fronté (p) Gary Brunton (b) Karl Jannuska (d).
  • Sheila Jordan and E.S.P.Trio: Straight Ahead (Splasch), 2004). Sheila Jordan (v) Paolo Fresu (tp) Roberto Capelli (pp) Attillio Zanchi (b) Gianni Cazzola (d).
  • Sheila Jordan & Cameron Brown: Celebration. Live at the Triad, (HighNote, 2005). Sheila Jordan (v) Cameron Brown (b) Jay Clayton (v).
  • Winter Sunshine (Justin Time, 2008). Sheila Jordan (v) Steve Amirault (p) Kieran Overs (b) André White (d).
  • Sheila Jordan and Harvie S: Yesterdays (HighNote, 2012). Sheila Jordan (v) Harvie Swartz (b). Concierto ca 1990.
  • Lucky to Be Me (Abeat, 2018). Sheila Jordan (v) Roberto Cipelli (p) Attilio Zanchi (b) Tommy Bradascio (d).

Como invitada (selección)

  • Peter Ind: Looking Out (Wave, 1960).
  • George Russell: The Outer View (Riverside, 1962).
  • Jack Reilly: Masks (Unichrom, 1968).
  • Carla Bley& Paul Hynes:Escalator over the Hill (JCOA, 1968-1971).
  • Roswell Rudd & the Jazz Composer’s Orchestra: Numatik Swing Band (JCOA, 1973).
  • Roswell Rudd, Flexible Flyer(Arista/Freedom 1974).
  • Marcello Melis & Mario Schiano, Perdas de Fogu (RCA, 1974)
  • Rossell Rudd, Bone (Phillips, 1976).
  • Marcello Menis, Free to Dance (Black Saint, 1978
  • Steve Swallow, Home (ECM, 1979).
  • Bob Moses, When Elephants Dream Of Music(Rykodisc 1982).
  • Aki Takase, ABC (Union Jazz, 1982)
  • George Gruntz, Theatre (ECM, 1983).
  • Egil Kapstad, Epilog (NOPA, 1984).
  • George Gruntz, Happening Now! (Hat Art, 1987).
  • Bill Kirchner Nonet & Sheila Jordan, One Starry Nignt (Jazz Heads, 1987).
  • Karlheinz Miklin, Looking Back (SOS Music, 1988).
  • Goetz Tangerding Trio, Jazztracks (Bhakti, 1990).
  • George Grunt / Allen Ginsberg, Cosmopolitan Greetings (MGB, 1982).
  • Lee Konitz, Raphsody II (Paddle Wheel, 1993).
  • Jane Bunnett, The Water Is Wide (1994).
  • Cameron Brown, Here and How! Vol. 1 (OmniTone,1997, 2003).
  • Roswell Budd, Bird Strokes (KFW, 1999).
  • Christian Stock, Straght Ahead (YVP Music, 1999).
  • Frank Mantooth, Ladies Sing for Lovers (MCG Jazz, 2004)
  • Sabien Kühlich featuring Sheila Jordan, Fly Away (Aocustic Music, 2006).
  • Sheila Jordan & Sabine Kühlich, Two Generations of Singers (Digiland, 2006).
  • Ellen Johnson, These Days (Vocal Visions, 2006).
  • Peter Yelling, How Long Has This Been Going On? (Jazzed Media, 2007).

José Carra (piano)

José Carra (Málaga, 1983). Su pasión por la música comenzó a los 6 años con la guitarra pero al inciar los estudios oficiales demúsica en el conservatorio abrazó el piano,instrumento que lo acompaña desde entonces. Realizó susestudios superiores en las especialidades de Composición y Dirección de Orquesta. Finalizada esta etapa predominantemente clásica, sintió la urgencia de profundizar en el mundo del jazz estudiando con destacados jazzmen internacionales Kenny Barron, David Kikoski,Mark Turner, Jerry Bergonzi, Ben Street, Mike Kannan, Peter Bernstein, Bruce Barth o Jorge Rossy. En Nueva York asiste a clases con AaronGodlberg, Kevin Hays y Ethan Iverson. Desde entonces ha mantenidouna intensa actividad musical a lo largo y ancho de la geografía nacional.

Entre 2010 y 2013 formó trío con el contrabajista Dee JayFoster y el batería Ramón Prats participando en importantes festivales y clubes nacionales —Girona, Madrid, Bilbao, Barcelona, Alicante, Albacete,Sevilla, Málaga, Almería o Granada—, así como en el Festival Internacional deJazz de Barquisimeto (Venezuela), colaborando además en varias ocasiones con lascantantes americanas Roberta Gambarini y Deborah Carter. En octubre de 2012 apareció Ewig (Newsteps),álbum debut del trío con el que realizaron numerosos conciertos de presentación.

En 2013 creó la banda The Wild Bunch, junto al saxofonista Enrique Oliver, Félix Rossy a la trompeta y los portugueses Romeu Tristão al contrabajo y João Lopes Pereira a la batería. La banda editó el álbum Sexy Drugs (BCN Track Artists, 2014) cuya presentación les llevó a numerosos conciertos por España y Portugal y recibió la Mención Mención Especial del Concurso Internacional de Jazz de Talavera de la Reina.

Además de liderar sus proyectos, ha tocado y grabado conmúsicos de jazz de gran prestigio como Sheila Jordan, Eric Alexander,Chris Cheek, Stanley Jordan, Gareth Lokrane, Perico Sambeat, Javier Colina, RobertaGambarini o Deborah Carter y del mundo del flamenco como la cantaora Argentina,Jorge Pardo o Carles Benavent. Ha grabado para señalados sellos discográficos como Sony Music, Blanco y Negro Music, Fresh Sound o Newsteps. Músico de los más solicitados del panorama nacional, en la actualidad colabora habitualmente con los saxofonistas Ernesto Aurignac y Enrique Oliver, el cantante Luis Regidor y el vibrafonista Arturo Serra con quienes ha colaborado en la grabación de numerosos álbumes. Y destacable y muy creativa es su labor como animador cinematográfico improvisando en directo sobre la proyección de entrañables películas de principios de siglo como dejó patente en el exitoso ciclo Cine mudo desarrollado en Clasijazz la pasada temporada.

Fértil e imaginativo compositor ha escrito música —amén de la publicada en sus álbumes como líder— para cine y teatro, así como composiciones y arreglos para diferentes orquestas sinfónicas, entre otras, la banda sonora Coleccionista Premiodel Festival de Cine Fantástico de la UMA, el arreglo y orquestación de Huelva suena diferente del álbum de la cantaora flamenca Argentina (Sony Music) y orquestaciones para el disco de los Chicos del Coro de Saint Marc Sing The Beatles (Blanco y Negro).

Persona comprometida con la cultura fundó en 2011junto a otros músicos malagueños la Asociación de Jazz de Málaga, colectivo que ha supuesto un significado revulsivo cultural y un renacimiento del jazz sin precedentes en la ciudad, además de contribuir al fomento y desarrollo jazzístico en otras ciudades.

Ha impartido clases de composición e improvisación en numerosos conservatorios de música de Andalucía y su presencia como profesor es muy solicitada en masterclass y seminarios de jazz españoles: Sevilla, Almería, Badajoz o Melilla.

José Carra es sin duda uno de los pianistas y compositores más creativos de la nueva generación de jazzistas nacionales. Su música, profundamenteenraizada en la clásica y el jazz, no es ajena a expresiones estilísticas como el rock, el pop, la electrónica o la música popular, y en la que la poesía juega un papel fundamental, creando de este modo un universo muy personal y distintivo.

Como líder ha publicado los álbumes —con composiciones originales— Ewig (Newsteps, 2012), El Camino (Romero Music, 2014), Verso (Romero Music, 2016), Verso. Live at Jamboree (La Cúpula, 2017) y Diario de Vuelo (Taghrid, 2018) en los que han participado destacados músicos del panorama nacional. Y como sideman ha intervenido en la grabación de numerosos álbumes, entre otros, con Arturo Serra: Songs (Newsteps, 2011), Tramonto (Newsteps, 2014) y Locomotive (Newsteps, 2017); con Sergio Albacete: Ahora (Blue Asteroid, 2016); con Ernesto Aurignac Orchestra: Uno (Moskito, 2015); con The Wild Bunch: Sexy Drugs (BCN Track Artists, 2014);  con Javier Navas, José Carra y el cuarteto Granada: The Beatles Songbook (Romero Music, 2014), con Gemma Abrié: Wondering (Temps Records, 2010), con María José Pérez: Trazos (Rosevil, 2017). Y además ha realizado lo arreglos del álbum de Argentina: La vida del artista (Sony Music, 2017) y orquestaciones en Les Petits Chanteurs de Saint Marc, Les Choristes: Sing The Beatles (Blanco y Negro Music, 2011).

Y de próxima aparición en el sello Clasijazz es el álbum grabado a trío en la Fundación Valparaiso de Mojácar en 2018 para la cantante Sheila Jordan y que contó además con la participación de Bori Albero.

Bori Albero (contrabajo)

Bori Albero (Girona, 1982) Estudió contrabajo en el Conservatorio de Girona, compaginado con el bajo eléctrico en el Taller de Músicos de Banyoles. Después estudió en la ESMUC (Escuela Superior de Música de Catalunya) en el Área de contrabajo jazz con profesores como Mario Rossy u Horacio Fumero. Además, recibió clases privadas de Javier Colina.

De familia muy musical, su hermano Roc es trompetista tocando en diversas formaciones y dirigiendo su propio cuarteto, y Marina es multiinstrumentista, toca el piano (en su trío), vibráfono y el salterio (música étnica), del que es auténtica virtuosa, y Bori al que ya conocen, contrabajista de toda clase de música, y de quien se dice que la “música y él son la misma cosa”.

Junto a Roger Mas, Albert Cirera, Alfred Artigas y Juanma Nieto, formó el quinteto Proyecto Zero, con el que actuó de en festivals de jazz de España, ganando el Premio al mejor grupo en el Concurso Nacional de Jazz de Salamanca. Ha formado parte del trío Among 3 y ha colaborado con músicos como David Mengual, Jon Robles, etc. En la actualidad forma parte de relevantes formaciones de la escena jazzística nacional, entre otras, The Buildbuncher.

Se le puede escuchar en grabaciones con intérpretes reconocidos del panorama nacional como Roger Mas, Jaume Llombart, Julián Sánchez, Enrique Oliver, Marina Albero, Arturo Serra, Joan Monné, David Xirgu, José Carra y un largo etcétera.

En la actualidad reside en Almería, colabora con la asociación cultural La Guajira, es socio de Clasijazz, miembro de la Clasijazz Big Band, de la que es codirector y forma parte de la sección rítmica de la sala Clasijazz junto a Pablo Mazuecos y Miguel Canale.

Y como contrabajista sideman de primer nivel acompaña a figuras de la talla de Barry Harris, Dado Moroni, Olivier Antunes, Arturo Serra, Vince Benedetti, entre otros, contando entre sus últimas colaboraciones las realizadas con el saxo alto Lee Konitz con quien ha participado en la grabación de un álbum —junto a Ramón Prats y Marco Mezquida— para el sello Clasijazz Records de próxima edición, así como con la legendaria cantante Sheila Jordan con quien también ha grabado un álbum a trío junto al pianista José Carra en 2018 en la Fundación Valparaiso de Mojácar que pronto verá la luz en el sello Clasijazz.

©José Santiago Lardón ‘Santi’ (Mayo, 2019)

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