Los clarines del jazz
«Parece que el pajarito mandón más conocido por Dios sopló en el flanco del primer hombre para animarlo y darle espíritu. Si en vez del pajarito hubiera estado ahí Louis Armstrong para soplar, el hombre habría salido mucho mejor». Julio Cortázar.
«Habló Yahveh a Moisés y le dijo ‘Hazte dos trompetas, las harás de plata maciza’». Biblia (Números, 10,1) Y luego añadió que tocasen a clamoreo, y hubo clamor y destrucción y cayeron las murallas de Jericó ante el fragor trompetero, y auguran que lo habrá y grande cuando al cabo del apocalipsis llegué el terribilis día del juicio final al que seremos convocados por una big band de seráficos ángeles y arcángeles armados de colosales trompetas naturales tal como quiso soñar Miguel Ángel en los techos de la Capilla Sixtina… Y desde entonces la trompeta fue preludio de guerra y catástrofes, instrumento reservado para dar nuevas y órdenes y cuyo código se mantuvo en secreto y sus intérpretes gozaron de alta consideración hasta que llegó Monteverdi y la usó dicen que por vez primera en su ópera Orfeo (1607) y de seguido recurrieron a su brillantez broncínea Bach, Lully, Purcell, Händel, Teleman y más adelante Berlioz, Wagner, Stravinsky, Mahler en su Quinta Sinfonía, sin olvidar “La Marcha Triunfal” (“Marcha de las trompetas) de la ópera Aida (Verdi, 1871), incluso obras específicas compuestas para trompeta solista como Sonata para trompeta y piano (Paul Hindemith, 1947), Sonatina para trompeta y piano (Bertold Hummel, 1950), Fantasía para trompeta (Malcolm Arnold, 1969) o Concierto para trompeta y orquesta (John Williams, 1996), entre un largo etcétera de ese mundo musical hermano que nos obstinamos en llamar clásico.



Y a mil leguas de Nueva Orleans la trompeta de jazz sonó alto y claro para mayor gloria del Chicago de la prohibición y del New York de la Harlem Renaissance. Entre ambas, una avenida suntuosa que arrancando de Oliver y Armstrong nos lleva a Tommy Ladnier, Jabbo Smith, Joe Smith, y sobre todo Henry Red Allen (1908-1967), quien siguió paso a paso el itinerario de Armstrong, desde su New Orleans natal a Chicago y New York, de King Oliver a Fletcher Henderson, para finalmente entrar en la orquesta de Satchmo (1937). Su asombroso virtuosismo, la diversidad de su estilo y su modernismo rítmico le permitió grabar con los más grandes de su época.

Con el auge de las grandes orquestas a partir de los años 30 los trompetistas prestaron su brillo a la banda y se especializaron en variados lenguajes y timbres sonoros en función de su tono, habilidad con las sordinas, o registro agudo en roles bien definidos. De la banda de Ellington, taller de bruñido y cincelado de metales, saldrán estilistas como Rex Stewart, Cootie Williams (uno de los grandes expertos en el uso de la sordina, o de efectos wa wa), Cat Anderson (impenitente escalador del sobreagudo) o Clark Terry (uno de los más virtuosos y polifacéticos trompetistas de todos los tiempos) y en la de Count Basie, de acusado acento blues al modo de Kansas City y demoledor swing, radiaron la genialidad de Buck Clayton y Harry ‘Sweets’ Edison, de estilo ágil y preciso y de recogida dulzura en las baladas. Las big bands eran feraces semilleros de músicos y de ellas brotaron insignes intérpretes, baste recordar las portentosas orquestas dirigidas por Woody Herman, Fletcher Henderson, Stan Kenton, Artie Shaw o Gene Krupa.

A partir de Eldridge comenzó una etapa de virtuosismo caracterizada por la velocidad sincronizada de cerebro y dedos y por la constante búsqueda de lenguajes expresivos propios. De Gillespie a Marsalis, pasando por Clifford Brown, Lee Morgan, Freddie Hubbard o el innovador Miles Davis, la trompeta abrió un camino recorrido luego por los demás instrumentos, en una inmensa nómina de genios adscritos al be bop, hard bop, funk, neobop, free o fusión.



El gran prestigio y genialidad creadora de Gillespie y Davis, justificado por su creatividad conceptual y papel histórico en el desarrollo del jazz moderno, no debiera dejar en el olvido a toda una larga nómina de titanes que no les fueron a la zaga en cuanto a destreza instrumental y contribución a la configuración del lenguaje moderno del instrumento y que, junto a ellos y desde 1945, formaron la más extraordinaria generación de trompetistas después de los años veinte, entre los que se incluyen adeptos al bop, postbop, hard bop o a estilos derivados o sucesivos como el free, neoclacismo y a modificaciones sonoras y expresivas como fue la electrificación y sintetización de la trompeta iniciada por Don Ellis (1934-1979) y a la que Jim Rotondi no es ajeno.


Woody Shaw (1944-1989) ubicado en el post-hardbop, es el trompetista de la plenitud y la suavidad, del dominio de todos los tiempos y de una libertad rítmica excepcional para articular una expresividad en la que huye del sobreagudo y un gran maestro de las baladas.


Las últimas décadas, presididas por la glorificada figura del multilaureado Wynton Marsalis y una babel de estilos y tendencias, han contado también con trompetistas de relieve como Lew Soloff o Tom Harrell, y más recientemente con grandes valores como Terence Blanchard, Roy Hargrove, Nicolas Payton, el joven Christian Scott, el innovador de los sonidos de la trompeta John Hassell, admirador incondicional de Miles Davis, el israelí Avisahi Cohen (1978) —no confundir con el contrabajista de igual nombre— los italianos Enrico Rava y Paolo Fresu, el cubano Arturo Sandoval, el argentino Claudio Roditi, el ahora aflamencado Jerry González y una infinidad difícil de afrontar en este espacio.

¿Y qué hay de la mujer? ¿No hubo mujeres trompetistas? Aún pervive ese viejo y deplorable prejuicio de que en el mundo del jazz están los músicos, las cantantes y los baterías. Y cuando se habla del tema lo primero que viene a la memoria son las vocalistas —la Bessie Smith, la Billie, la Ella, la Sarah…— y alguna instrumentista, sobre todo pianistas como las pioneras Lil Hardin, Lovie Austin, Edna Thomas, y luego Mary Lou Williams y un largo etcétera. En parte prejuicio pero sobre todo fueron factores sociales e históricos los responsables de tan doloroso vacío, tales como que los instrumentos de viento se reservaban a los hombres y los de cuerda, sobre todo el violín —el piano también tiene cuerdas—, a las señoritas, el temor de los hombres a perder una ocupación destinada solo a ellos, así como que el ambiente poco recomendable de los clubes de jazz de antaño alejaban no sólo al público femenino sino a cualquier mujer deseosa de abrirse camino en un mundo de machos.
Hubo, y hay, mujeres instrumentistas desde bateristas hasta trombonistas, sin olvidar guitarristas, organistas o contrabajistas de muy alto nivel, incluso orquestas o combos integramente femeninos. Y por supuesto hubo, y hay, mujeres trompetistas, aunque a muchas se les ignore o figuren en letra menuda en los tratados y enciclopedias de jazz. Valgan unos nombres en este apresurado repaso para dar fe y rendir merecido homenaje.


Dilatada y vivaz leyenda de héroes y heroínas de la trompeta —o de su variantes hermanas, fliscorno, pocket trumpet o corneta de pistones— esforzados en una constante búsqueda que, como siempre hizo el jazz y toda expresión artística, vuelven sin cesar a los orígenes para hilvanar un vívido mensaje nuevo, para expresar lo inexpresable, aquello que late en el fondo del alma.
La trompeta por su aptitud incomparable para modular las blue notes y para hacerle la competencia, pero sin imitarla, a esa matriz de toda música que es la voz humana, estuvo desde el principio a la cabeza de las innovaciones del jazz, rol oscurecido en parte o compartido de mil amores con el saxo tras la marejada que supuso la puesta en escena de Charlie Parker.
Me gustan las leyendas, anteriores a la historia y en tantos casos más acordes y apegadas a la realidad. Y aún más creer en la hermosa leyenda de un niño, o una niña, con la trompeta en los labios frente al tocadiscos y un montón de discos de los grandes maestros, o siguiendo sus huellas en el ineludible Spotify, soñando su propio futuro, como seguro lo soñó Jim Rotondi aquel día no tan lejano cuando escuchó el crudo quejío de Clifford Brown y en su mente amaneció un prometedor horizonte.
¿Y por qué no libros? Con el 23 de abril a la vuelta de la esquina, efemérides del Día Internacional del Libro, quisiera recomendarles —amén del vistazo definitivo al Ingenioso Hidalgo Don Quijote que siempre se deja para mañana, a la Biblia que es suma de muchos libros, o a Jazz, novela de la nobel Toni Morrison—, que se hagan con alguna de las obras aquí citadas, o varias o todas, acompañadas de algún que otro disco, convencido de que pasarán amenos e instructivos ratos. En todos los casos he citado, de existir, el título y fecha de su edición española.
Jim Rotondi Quartet Programa
Jim Rotondi (trompeta, fliscorno)

Desde que se instaló en Nueva York en 1987 ha tocado y grabado con grandes del jazz como las orquestas de Ray Charles, Lionel Hampton, Bob Mintzer o con la Toshiko Akiyoshi Jazz Orchestra, así como con los combos de Charles Earland, Lou Donaldson, Curtis Fuller, George Coleman o Joe Chambers, entre otros.
Dirige sus propias formaciones como el quinteto junto al gran vibrafonista Joe Locke, el grupo eléctrico Full House del que forma parte el pianista David Hazeltine, y donde utiliza la trompeta eléctrica y diversos instrumentos electrónicos. Es miembro fundador del sexteto colectivo One For All, del que forman parte el saxofonista Eric Alexander, el trombonista Steve Davis, el citado Hazeltine, el bajista John Webber y el batería Joe Farnsworth, formación de estrellas a la que la prestigiosa revista Jazztimes dedicó amplia y elogiosa reseña en el número de junio de 2009.
Ha grabado a su nombre 15 álbumes, para sellos como Criss Cross, Sharp Nine, y Posi-Tone, y como sideman 80, entre otros: octeto del saxofonista George Coleman, Charles Earland, Harold Mabern, sexteto del baterista Ray Appleton (Slide Hampton, Charles McPherson y John Hicks), así como con el saxo tenor Eric Alexander, con quien debutó en el álbum Straight Up (Delmark). Los álbumes Too Soon To Tell y Optimism (Sharp Nine) editados con la formación One For All recibieron críticas favorables de Cadence y The Detroit Free Press, al igual que las tuvieron los siguientes por parte de otras publicaciones especializadas.
De sus grabaciones recientes cabe señalar Blues For Brother Ray (Posi-tone), homenaje a Ray Charles, Excursions (Criss Cross, 2000), Destinations Up! (Sharp Nine, 2001), New Vistas (Criss Cross, 2004), 1000 Rainbows (Posi-Tone, 2010), Dark Blue (Smoke Sessions, 2016). Con One For All: Live At Smoke Vol. 1 (Criss Cross, 2001), Killer Joe (Venues, 2005) y Alexis Cole with One For All, You’d Be So Nice To Come Home To . Y con Full House: Champagne Taste (Nagel Heyer 2005)
Reside y trabaja en el área de Nueva York, donde mantiene un denso plan de trabajo entre actuaciones, grabaciones, composición y ejercicio docente. Ha impartido clinics en la Emory University de Atlanta, en el Jamey Aebersold Summer Jazz Camp, talleres de jazz en Stanford University, y ejercido como profesor de trompeta de jazz en la Rutgers Unversity y es docente asociado de la State University of New York (Purchase). Fue profesor en University for Music and Dramatic Arts (Graz, Austria).
Considerado como uno de los mejores trompetistas de la escena mundial, de él se han vertido críticas del tenor de: «Sin duda, el mejor de la era post-Hubbard». Chris Hovan, allaboutjazz.com . «Sus solos son una amalgama perfecta de potencia, sutileza y lógica”. David A. Orthmann, allaboutjazz.com. «Posee la pasión y el don para encontrar nuevos senderos para la música del nuevo milenio». The New Yorker (enero, 2003). «Si tuviese que elegir un trompetista para la próxima década, sería Jim Rotondi». Don Berryman, www.jazzpolice.com (mayo, 2005 )o)
Fabio Miano (piano)

En 1979 vino a España actuando en diferentes clubes y festivales del país. En 1983 le ofrecieron una plaza de profesor en Bolonia (Italia). Entre 1983 y 1985 realizó giras por Italia, Portugal y España, tocando en festivales y clubes con sus propias formaciones y acompañando a figuras como Bruce Forman, Steve Lacy, Carl Burnett, Bobby Watson, Bob Mover, Pat LaBarbera, Massimo Urbani, Gary Bartz, Ricky Ford la cantante Jeanne Lee, y formando parte del grupo del saxofonista exmiembro de los Jazz Messengers, Dave Schnitter. En 1986 formó parte del sexteto Seis en Uno, Primer premio del concurso de jazz valenciano, editando un álbum subvencionado por la Diputación valenciana y Radio Nacional. Y entre 1987 y 1989 alternó su estancia entre España e Italia, tocando en festivales junto a Jorge Pardo, Sal Nistico o Boby Watson. En 1989 regresó de nuevo a Canadá, donde formó su propio sexteto, dio conciertos con su trío y acompañó a Bob Mover, Pat La Barbera, Dave Young o Steve Wallace.
Desde 1991 reside en Alicante y forma parte de la escena jazzística nacional, realizando giras con figuras nacionales e internacionales. En 1993 creó con Richie Ferrer y Carlos González ‘Sir Charles’, Milestones Trío que fue rítmica de artistas como Gary Bartz, Pedro Iturralde, Jeanne Lee o Grant Stewart. Después y con otras formaciones fue sideman de Eric Alexander, Jim Rotondi, Joe Magnarelli, entre otros.
En 1997 publicó Reflections (Dahiz) junto al guitarrista Carlos Gonzálbez, hoy álbum legendario. De 1999 es Buen rollo junto al saxofonista Grant Stewart, y ya en el nuevo milenio Personally Speaking. Tribute to Duke Pearson (Xabia, 2002), sentido homenaje al gran pianista estadounidenese acompañado por un septeto de lujo: David Pastor, Perico Sambeat, Jesús Santandreu, Mario Rossy y Esteve Pi, álbum elegido por Cuadernos de Jazz como el mejor del año.
En 2009 vio la luz Fabio Miano New York Quintet (Blau Records, 2009) junto a Grant Stewart, Jim Rotondi, John Webber y Joe Farnsworth, álbum del que el crítico Jorge García escribió que era “el encuentro de unos viejos amigos que conocen el secreto del jazz y disfrutan compartiéndolo”.
Quien le haya escuchado, y le haya conocido, convendrá en que Fabio es un músico de alto voltaje, muy solicitado por figuras internacionales: Scott Hamilton, Joe Magnarelli, Kirk McDonald, Eric Alexander, Gary Bartz o James Moody y nacionales: Perico Sambeat, Horacio Fumero, Pedro Iturralde o Jorge Pardo, y su talla humana no le va a la saga, la supera. Su negro sentido del humor, socarrón, a tempo justo, es impagable. Su enciclopédica sabiduría es la precisa para revelar con destreza el inmenso legado de la tradición pianística: Art Tatum, Errol Gadner, Teddy Wilson y el de todos aquellos grandes cuyo lenguaje nutre su memoria para luego reescribir un mensaje nuevo, convencido de que a la tradición del mainstream aún le queda mucho camino, todo el futuro.
Hace tres décadas que visitó por vez primera el Georgia, en 1987 con Dave Schnitter, y luego con Milestones Trío, o con Jeanne Lee, Pedro Iturralde o Grant Stewart.Y cuando desapareció el Georgia, no dejó de venir porque ya estaba en marcha esta propuesta cultural sin precedentes que es Clasijazz, de nuevo con su trío o como sideman de grandísimas figuras.
De su discografía cabe destacar el álbum 6 en 1 (1986), su participación en Jordi Vilà i els seus Amics, Homenatge a Charles Mingus (Dahiz, EGT, 1992), Fabio Miano & Carlos Gonzálbez, Reflections (Dahiz, EGT, 1997), Grant Stewart Quartet, Buen rollo (Fresh Sound, 1999), Fabio Miano Septet, Personally Speaking. Tribute to Duke Pearson (Xabia, 2002), Fabio Miano New York Quintet (Blau Records, 2009), así como su participación en el colectivo Recordando Clasijazz. Vol. 1 (Clasijazz Live, 2012).
Ignasi González (contrabajo)

Ha trabajado como profesor de solfeo, armonía moderna, bajo eléctrico y contrabajo en varias escuelas de música como Escola de Músics de Lleida, Escola Municipal de Música de Tàrrega y en la del Principado de Andorra. En 1999 abrió en Lleida y con músicos locales el centro de enseñanza de música moderna Músics donde imparte clases en la actualidad.
En 1994 creó el cuarteto Swing Affair, publicando dos álbumes. Dos años después fundó el Ignasi González Trío como sección rítmica de los conciertos del club de jazz Antares de Lleida.
Su experiencia y ganas de afrontar nuevos retos y repertorios le han llevado a colaborar con músicos como Bob Sands, Perico Sambeat, Alfons Carrascosa, Mikel Andueza, Víctor de Diego, Iñaki Askunze, Juan Chamorro, Chris Kase, Benet Palet, Juan de Diego, José Luís Gámez, David Mitchell, Alfons Enjuanes, Joan Monné, Cristóbal Montesdeoca, David Xirgu, Esteve Pi, Jo Krause o Pau Bombardó, entre otros.
En 1998 formó el grupo Dexterity en homenaje al desaparecido Dexter Gordon, reinterpretando gran parte de su repertorio y editando el álbum Tribute to Dexter Gordon. (1999).
En los últimos años ha acompañado en gira a jazzmen de talla internacional como los saxofonistas Grant Stewart, Adam Kolker y Kirk Macdonald, los trompetistas Joe Magnarelli, John Swana y Scott Hamilton, al guitarrista Peter Bernstein o a la cantante Tricia Evy, entre otros.
Ha participado en numerosos festivales de jazz, entre otros, los de de Saint Gaudens i Angoustrine (Francia), Lleida, Torroella de Montgrí, Ciutat Vella, Noves Músiques de Tàrrega, Sabadell, y en prestigiosos clubes como Nova Jazz Cava de Terrassa, Pipa Club y Jamboree de Barcelona, Populart de Madrid o Clasijazz de Almería con Joe Magnarelli y Grant Stewart. Su último álbum editado es Hotel Orly con Xavier Monge Grupo (2002).
Joe Krause (batería)

Atraído por el jazz, en 1979 formó un trío de piano, luego sustituido por otro con su amigo el saxo Martin Classen, interpretando música muy influenciada por John Coltrane o Archie Shepp, realizando sus primeras grabaciones de estudio.
En 1980 formó el cuarteto Jo Krause’s Funkyfreebopers con estudiantes de la Escuela de Música de Detmold cuyo repertorio se basaba en la música de Paul Desmondo, Miles Davis u Ornette Coleman. El cuarteto original (saxo, piano, contrabajo y bateria) mudó a una instrumentación más inusual: chelo, guitarra, saxo y batería. En junio conoció al gran batería Art Taylor de quien recibió clases particulares.
Viajó a Holanda en 1981 para formalizar sus estudios de jazz en el Conservatorio de Hilversum, a la par que tocó con grandes del jazz holandés como Wim Overgauw, Ferdinand Povel, Victor Kaihatu, Frans Elsen y Rob Langereis. En 1986, concluidos sus estudios y tras meses tocando y dando clases en España, creó con el pianista Robert Vermeulen y el bajista Frans van der Hoeven el Amsterdam Jazz Trio, que acompañó a grandes solitas como Tom Harrell, Jim Snidero, Davis ‘Fathead’ Newman, Sal Nistico, Herb Geller, Phillippe Catherine o Jimmy Owens.
Entre sus colaboraciones cabe destacar el álbum de Georgie Fame A portret of Chet, los conciertos con el trío del pianista Cees Slinger como sección rítmica de Johnny Griffin, Woody Shaw, Red Mitchell, Teddy Edwards, John Eardly, Dave Pike, Scott Hamilton, Deborah Brown, la gira europea de 1988 con los guitaristas Herb Ellis, Barney Kessell y Charlie Byrd. Ha trabajado además con Benny Bailey, Steve Kuhn, George Cables, Sonny Fortune, Blossom Dearie, J.R Monterose, Vic Juris, Peter Leitch, Lesper Lundgard, Bart van Lier o Jesse van Rullery, y formado parte de los grupos Zut Alors!, Amsterdam Jazz Quintet, Tine Schneider Trio y Buschmusik.
Tras una estancia en Nueva York becado por el Stichting Podiumkunsten, y donde coincidió de nuevo con Art Taylor, se instaló en España donde reside desde 1993 en Premià de Mar (Barcelona). Desde entonces es parte activa de la escena jazzísitica nacional, colaborando con músicos como Perico Sambeat, José Luís Gámez, David Mengual, Gorka Benitez, Llibert Fortuny, Agustí Fernandez, Albert Bover, Ignasi Terraza, Jorge Rossy, Rai Ferrer, Dani Perez, Martí Serra. Es miembro de Jo Krause-Roger Mas Trio, formación que se amplia con Enrique Oliver, Jon Robles o Vicente Macian, Joaquin Chacon Trio, Agustí Fernández-Jo Krause Duo con quien editó en 2009 Draco, elegido como segundo mejor disco español del año por Cuadernos de jazz.
Desde hace años ejerce con dedicación y entusiasmo la enseñanza de la batería. Forma parte del profesorado de Musikene (Escuela Superior de Música del País Vasco) y de la Escuela Superior de Música de Cataluña (Esmuc). Muchos de los grandes baterías nacionales de hoy fueron alumnos suyos.
Su músico preferido es Miles Davis, sobre todo el del quinteto con Wayne Shorter, Herbie Hancock, Ron Carter y Tony Williams, al que con frecuencia vuelve para nutrirse.
De su extensa discografía destacan los álbumes con Agustí Fernández Loney Woman (2004) y Draco (2009) a dúo, Colores (2000) con Perico Sambeat así como los gabados con Bill McHenry, Too Roos, Benny Bailey, Gorka Benítez, Albert Sanz, Víctor de Diego, Thomas Fryland o Marco Kegel entre otros: Pardon My Bop (1989), Portret of Chet. (1989), Pie Dough.(1991), Copenhagen Sunset. (1992), Picturs of Amsterdam.(1995), Berlin Songbook. (1995), Angel Eyes (1996), Jazz Is Where You Find It. (1997), David Mengual Monkiana (1997), Free Sessions (1999), Trio & Jesse van Ruller.(2000), Devil May Care (2002) o Jo’s Delight (2011).
Jim Rotondi Quartet. Jim Rotondi (trompeta, fliscorno) Fabio Miano (piano) Ignasi González (contrabajo) Joe Krause (batería). Clasijazz, miércoles 6 de abril de 2016.
©José A. Santiago Lardón ‘Santi’ (5 de abril de 2016)

