Festival de Danza “Una Vuelta en Casa”
Dom 27 diciembre a las 19:00

Sala Principal
15€ NS / 10€ S
Ya son 7 años con este Festival de Danza en Clasijazz que pone se relevancia el gran nivel de bailarines y coreógrafos de Almería que han hecho carrera fuera de Almería y están por España y en Europa .
Es un Fedtival súper emotivo porque vuelven a su tierrra por Navidad y los almerienses podemos disfrutar del gran talento artístico de creadores de Almería que tanto apreciamos y damos a conocer desde la Fundación Indaliana para la Música y las Artes más conocida como Clasijazz .
Concretamente tendremos a tres bailarinas de español y flamenco que están terminando sus carreras en el Conservatoro superior de Danza de Málaga y dos consagrados bailarines que pese a su juventud están en dos grandes compañías en Países Bajos y Suiza .
LUIS MARTINEZ GEA
Bailarín de danza contemporánea nacido en Vélez-Rubio, Almería. Se formó en el Conservatorio de Danza de Alicante y se graduó en Estudios de Danza por la UCAM. Desarrolló su trayectoria profesional en España con compañías como IT Dansa, el Institut Valencià de Cultura, OtraDanza y TitoYaya, participando en obras de coreógrafos como Ohad Naharin, Akram Khan, Gustavo Ramírez, Asun Noales y Sol Picó, entre otros.
Desde 2023 forma parte de la Tanzkompanie St. Gallen, en Suiza, donde ha trabajado con coreógrafos como Hofesh Shechter, Yoann Bourgeois, Johan Inger, Frank Fannar, Javier Rodríguez, Imre y Marne Van Opstal y Allan Lucien, entre otros.
GÀDOR LAGO
Bailarina de arte contemporáneo, realizó su formación de danza clásica en el Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma( Madrid) especializándose en danza contemporáneo en Codarts (Rotterdam, Países Bajos) donde inició su carrera como freelance . A formado parte en varios proyectos con Iratxe Ansa (Premio Nacional de Danza 2020) y colaborado en proyectos artísticos interdisciplinares destacando su colaboración con Los Bravú (Escenas de Cambio) ,Korzo (La Haya). Actualmente forma parte de la compañía Italiana Aterballetto.
Su trabajo toma como punto de partida la relación espacio cuerpo fusionando la técnica clásica con las nuevas corrientes contemporáneas. Une mente y cuerpo manifestando sus ideas e imágenes a través de movimientos de gran exigencia física siempre apoyándose en la honestidad.
ALINA RODRIGUEZ
Época marcada por las supersticiones, la fe y el temor a lo desconocido, la Edad Media se convierte en el escenario de una historia donde las miradas pueden esconder mucho más de lo que aparentan. En un mundo en el que las creencias populares conviven con el misterio, el mal de ojo se alza como una fuerza invisible, capaz de sembrar el miedo, despertar la desconfianza y alterar el destino de quienes se cruzan en su camino.
A través del lenguaje flamenco, ROJO, es una idea original y coreografiada por Alina Rodríguez, en la que representa la búsqueda de una cura que culminará con la revelación del origen de la maldición. Una reflexión sobre el poder destructivo de la envidia y la fuerza de una mirada capaz de herir o sanar.
CLAUDIA HERNÁNDEZ
ÉXODO 22:18
¿Hasta dónde puede llegar una sociedad dominada por el miedo? ¿Y si aquello que llamaron brujería no era más que sabiduría? ¿Cuántas vidas se perdieron en nombre de una verdad impuesta?
La verdad siempre llega demasiado tarde.
Éxodo 22:18 nos adentra en una comunidad de mujeres vinculadas a la naturaleza, conocedoras de las plantas y guardianas de saberes ancestrales que desafían el orden establecido. Lo que se percibe como una amenaza se convierte en una persecución en la que la fe, la traición y el silencio conducirán a un destino trágico. Una propuesta escénica que rescata la memoria de quienes fueron silenciadas y nos invita a reflexionar sobre las consecuencias de una sociedad que condena aquello que no puede comprender.
LUCIA ZAPATA
¿Qué ocurre cuando apagamos el ruido del pensamiento y dejamos que hable la materia?
Esta pieza explora el rozamiento entre el orden mental y la memoria biológica que habita en los músculos. En un espacio abstracto y desnudo, la danza se despliega como un proceso de desarticulación: un cuerpo que empieza habitado por la geometría, la contención y la norma racional, pero que poco a poco deja filtrar un pulso telúrico, rítmico e incontrolable.
No hay narrativa, solo estado y fricción. Es la manifestación de un instinto que no ha desaparecido, sino que permanece dormido bajo la piel; una búsqueda física y pura de esa naturaleza silenciada que, en el clímax de la vibración y el agotamiento, termina por reclamar su territorio.


